Tras la pandemia deberíamos haber aprendido tantas cosas positivas, sin embargo, nuestros peores instintos han resurgido y tomado más fuerza, como por ejemplo la violencia.
Es triste que la violencia forme parte de nuestra vida cotidiana y más triste aún ver que la mayoría mira hacia otro lado. Diariamente se registran casos de racismos, discriminación, acoso, feminicidio, infanticidio, homicidios, violencia intrafamiliar, violencia psicológica, sexual, física y verbal, se registran casos de menores desaparecidos, se registran ataques a mano armada, se registran casos de mutilación y actos inhumanos contra personas inocentes, se registran violaciones y amenazas, se registran casos de secuestros, guerras, etc.
La violencia es una de las lacras a las que se enfrenta la sociedad actual, una de las más agresivas de la historia de la humanidad. Los seres humanos son agresivos por naturaleza y este instinto es necesario para la supervivencia de la especie, pero que en lo que falla la sociedad actual es en el control de los comportamientos agresivos innecesarios y patológicos.
Vemos las noticias como el que ve una película, apagamos la televisión y olvidamos… como si todo lo que ha sucedido no pudiera pasarnos, pero tal vez mañana sea tu nombre el que salga en las noticias
. Como decía Elie Wiesel “ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”. Tenemos la obligación como ciudadanos de ayudar a poner freno a esta escalada de violencia, sino nos veremos abocados al fracaso como sociedad.
Seshat
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