Lo políticamente correcto nació de una manera bienintencionada,
con el afán de proteger a las minorías de las ofensas. Pero creo
que se ha engendrado un monstruo, que va minando determinados
derechos como la libertad de expresión o la libertad de cátedra.
A mi modo de ver, es prácticamente igual que la censura que se
ha sufrido durante siglos.
Afecta a todos los campos cine, humor, escritura, reuniones
sociales, enseñanza… Está presente en nuestro día a día.
Obras maestras como Diez negritos de Agatha Christie, pasa a
llamarse Eran Diez para evitar la connotación racista del
término… En Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl
quieren reescribir su contenido porque consideran ofensivo que
aparezcan palabras como gordo, loco o desquiciado… O películas
maravillosas como Lo que el viento se llevó también cuestionada
por su tratamiento de la esclavitud.
Sucedió algo parecido en tiempos de Franco: Caperucita Roja se
convirtió en Caperucita Encarnada, porque ‘rojo’ se rechazaba
por su connotación política.
En el lenguaje, algunas de las propuestas que han surgido han sido
modificar sustantivos abstractos (reemplazar “los hombres” por
“la humanidad”, o “los niños” por “la niñez”), o cambiar la
escritura del pronombre “todos”, por “todes”, o “tod@s”, o
“todxs”, cuando el grupo del que se habla esté compuesto por
hombres y mujeres.
¿Queremos una sociedad que excluya todo lo que se considere
políticamente incorrecto en nombre de un mayor confort de las
minorías? ¿Puede avanzar el pensamiento, y por ende la
humanidad, si se constriñe la confrontación de ideas?
En mi humilde opinión lo políticamente correcto veta el discurso
libre, el debate abierto y el intercambio de ideas.
Seshat
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