El terremoto ocurrido en Turquía nos ha dejado muchas imágenes inquietantes, de casas y edificios destruidos, calles enteras sin un edificio en pie.
Caras de niños asustados, atrapados, desprotegidos, que las personas mayores han
intentado dar consuelo como si fueran de su familia, porque ante tanta
destrucción impera la empatía y la solidaridad.
Ante tanto caos, hubo un nacimiento mientras la madre estaba
atrapada junto a los demás miembros de su familia, la mujer dio a luz a una
niña que los bomberos rescataron de inmediato sin poder hacer nada por los que
allí se encontraban, la bebé fue llevada al hospital, la única que vive de toda
su familia.
Los rescatistas especializados con perros, bomberos con
experiencia y demás organismos han trabajado mucho para sacar cuantas personas
pudieran. Se esfuerzan y su trabajo destaca, dejan todo para salvar a unos
pocos.
Todo esto lo hemos visto en imágenes a posteriori, pero lo que llamó mi atención son unas
imágenes de la noche misma del terremoto, cámaras en un hospital que mientras
todo empieza a temblar las enfermeras de guardia corren a las habitaciones de
niños pequeños y con ellos en brazos los sacan del hospital. Y otras pocas
enfermeras muy jóvenes, pasan todo el
temblor sujetando las incubadoras en las que hay bebés recién nacidos. Se
agarran a las cunas portátiles y pasan todo el terremoto al lado de estos
pequeños indefensos.
Algunos dirán que su trabajo es conseguir que todo esté bien,
pero es algo más que su trabajo, es una generosidad extrema la que hace que se
queden quietas junto al bebé mientras todo tiembla a su alrededor.
Clave de Sol
Fueron los grandes héroes en la pandemia y a muchos ya se les ha olvidado. Pero para mí son y serán siempre nuestros ángeles de la guarda.
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